El “Batallón Perfume”. Por: El Último Guane

 

La Guerra de los Mil Días,
Guerra atroz, guerra inhumana,
Que no dejó sino penas,
Y una patria mutilada,
Y un país disminuido,
Huérfanos, viudas y parias,
Más odio en los corazones
Y más dolor en las almas,
Nos trajo hasta aquí los hechos
Que mi pluma hoy les relata,
Rememorando una historia
De la que nadie se ufana,
Que hoy la vergüenza elude
Y a la que el cuerpo le sacan
Los que insisten en lo mismo:
En todo arreglar con balas,
Con destrozar al paisano
Y a la gente no escucharla,
Ni en sus reclamos escritos,
Ni en sus voces indignadas,
Pues es mejor la violencia,
Son mejores las matanzas,
Y al fin filmar los abrazos,
Y al fin brindar con champaña,
Y con pólvora y con rezos
Volver fiestas las desgracias.

 

Y es que hubo en este suelo,
En tierras santandereanas,
Una sangrienta epopeya,
Una terrible batalla,
Batalla de aquella guerra
Que al país volvió un fantasma,
En la que jóvenes nuestros,
De la nación colombiana,
Dejaron libros y risas
En su Bogotá nublada,
Para empuñar los fusiles
Y así cambiar la enseñanza
Por uniforme y caballo
Y el rugir de las metrallas.

 

Vinieron del altiplano
La capital de la Patria,
Para morir a balazos
En esta Bucaramanga
Por ideales y sueños
Que a ellos solo importaban,
Y aquí en el García Rovira,
Para entonces nuestra plaza,
Aquí quedaron cubiertos
De sangre, sudor y lágrimas,
Evocando en los instantes
Postreros de la largada
La sonrisa de sus novias,
De sus madres sus plegarias,
Y el color, la niebla, el frío
De la hoy Cundinamarca,
Y el punteo de las bandolas,
Y el cielo de sus moradas,
Los tiples y los bambucos,
Las fiestas y sus guirnaldas,
Mientras sus manos sin fuerzas
El arma ya no empuñaban
Y aquellos sueños soñados,
Por los que ellos lucharan,
Agitando una bandera,
En sus ojos se esfumaban.

 

Era el Batallón “Perfume”,
Conformado a las volandas,
Con juventudes rebeldes
Solamente preparadas
En cátedras de latín,
En importantes jornadas
De academia y de deportes,
Jamás en cosas de armas,
Juventudes liberales,
Que a las tropas se enrolaban
Con el catecismo rojo
Del partido de sus taitas
Y que oyó el llamado a filas
Con solo amor y esperanzas.

 

Mas no nos cuenta la historia,
Que al final no cuenta nada,
No cuenta cómo supieron
De sus muertes en sus casas,
No cuenta cómo contaron
A sus padres la desgracia,
No cuenta estos qué hicieron
Desde esas tierras lejanas
Para buscar en sus hijos
La sonrisa masacrada,
Qué hicieron con sus recuerdos
De nochebuenas en casa,
Cómo lloraron a gritos
Los viejos la mala racha
De un país bañado en sangre,
Y ahora sangre cercana,
No cuenta dónde guardaron
Sus uniformes de gala,
Ni los escasos retratos
Del hijo de sus entrañas,
No cuenta de los suicidios,
Del llanto en el Tequendama,
De depresiones, ni angustias,
De las almas desgarradas,
De la tristeza infinita
Que el médico no curaba.

 

Ya próximo el siglo veinte,
Aquí en mi Bucaramanga,
Al frente de San Laureano,
Sobre el atrio y en la plaza,
Mezclando pólvora y ayes
Con vivas y con campanas,
Murieron todos, tendidos,
En charcos de sangre y agua.

 

Ya próximo el siglo veinte,
Aquí en mi Bucaramanga,
Murió el Batallón “Perfume”
Como siempre, para nada.

 

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