EL “¡ALELUYA!”, DE HÄNDEL. Por Óscar Humberto Gómez Gómez

 

Contrariamente a lo que suele creerse, el famosísimo coro “¡Aleluya!”, que forma parte de la obra “El Mesías”, la magnífica composición del formidable músico germano-inglés Jorge Federico Händel, no es un canto compuesto por él para la Navidad, esto es, para celebrar el nacimiento de Jesús, sino su Resurrección.

El maestro Händel —¡qué cosa tan “extraña” en un músico!— pasaba por un momento económico extremadamente difícil, insostenible, estaba literalmente sobrepasado por las deudas y, fuera de eso —como aquello de que “Al caído, caerle” rige en todas partes— venía siendo aplastado por la crítica contra su trabajo musical (crítica destructiva, claro está, porque eso de la crítica “constructiva” solo existe en los excepcionales casos en que hay de por medio amistad o, cuando menos, aprecio del crítico hacia el criticado o cuando, definitivamente, quien critica posee un alma grande, almas que, por infortunio, siempre se han tenido que buscar con la linterna de Diógenes).

 

 

La Enciclopedia Metódica de Larousse nos cuenta lo que realmente había sucedido:

“Así como Bach y Telemann vivieron y trabajaron en Alemania la mayor parte de sus vidas, Georg Friedrich Händel (1685-1759) se encontró más a gusto en Italia, donde, musicalmente, se ponía más énfasis en la melodía que en el contrapunto. Visitó Florencia, Roma, Nápoles y Venecia para aprender el arte de la opera seria. Su interés en la ópera italiana le llevó hasta Inglaterra, donde había una gran demanda de ese género.
Händel estuvo empleado en la Real academia de música (sic) que promovía la ópera”.

Pero sucedió que “Después, en 1728, The Beggar’s opera de John Gay (1685-1732) dio al público inglés una muestra de ópera en su propia lengua”.

A raíz de ello, “La Academia se quedó fuera de acción y después de unos cuantos años llevando su propia compañía de ópera, Händel tuvo que aceptar que la popularidad de la ópera italiana declinaba”. (Enciclopedia Metódica de Larousse. Barcelona, México, París, Buenos Aires. 1997, p. 168).

 

 

Pero aquellas tribulaciones no eran las únicas por las que atravesaba el insigne compositor: también se encontraba enfermo. El Salvat Universal Diccionario Enciclopédico (obra cuyo título NO es, como pudiera creerse, Diccionario Enciclopédico Universal Salvat) dice lo siguiente:

“En esta época se estrenó Radamisto (1720), a la que siguieron numerosas óperas de estilo italiano (…), que el público británico acogió fríamente. La hostilidad de la aristocracia, la rivalidad con Bononcini y las intrigas de los cantantes motivaron que Haendel, que había hecho un segundo ensayo como empresario (1729), acabara su actividad teatral en la ruina y con la salud quebrantada”. (Salvat Universal Diccionario Enciclopédico. Tomo 11. Barcelona. 1991, p. 201. NOTA DEL PORTAL: El apellido del compositor de ‘El Mesías’ también se escribe Haendel. Giovanni Battista Bononcini era otro músico italiano protegido del duque de Marlborough).

 

 

En medio de semejante turbión de circunstancias adversas, el maestro Händel se decidió a componer lo que en el lenguaje de la música culta se llama un oratorio. El nombre de aquella monumental obra fue el de “El Mesías”, que constaba de tres partes a través de las cuales se recreaba la vida de Jesús. Ya antes había compuesto oratorios, pero ninguno había llegado a tener la apoteósica aceptación del que iría a estrenar ahora.

Pues bien: dentro de la segunda parte del oratorio se encontraba, precisamente, el hermoso e impresionante “¡Aleluya!” que hoy todos conocemos, con el cual remataba la sección correspondiente a la Resurrección.

 

 

La obra fue estrenada en la ciudad de Dublín, pero posteriormente Händel la llevó a Londres y fue allí donde el compositor tuvo la fortuna de que a la velada asistiera el rey de Inglaterra, Jorge II. La parte segunda del oratorio entró, entonces, a la sección que cerraba con la Resurrección y, obviamente, allí empezó a sonar el coro del “Aleluya”. Sucedió que en ese momento el monarca, emocionado por la belleza y la fuerza de aquel coro, se puso de pie. Hay quienes aseveran que no fue por eso, sino que el rey se confundió. Según estos intérpretes de lo acaecido, el soberano creyó que se trataba de un himno y por ello se paró. De todos modos, como era natural, puesto de pie el rey, empezó a hacer lo mismo todo el auditorio hasta que esa parte de la obra terminó siendo rematada con el público entero de pie y un atronador aplauso final para el compositor hasta ese momento en desgracia.

Desde ese día, el maestro Händel retomó su carrera musical con rumbo hacia su consagración definitiva como una de las figuras más importantes de la música clásica a lo largo de la historia. Hay quienes interpretan lo ocurrido aquel día como una intervención divina.

 

 

El maestro Jorge Federico Händel nació el 5 de marzo de 1685 (de acuerdo con nuestro calendario) en la ciudad de Halle, por aquel entonces bajo el Sacro Imperio Romano Germánico. Más tarde habrá de nacionalizarse en Inglaterra (1726), en cuya capital, Londres, morirá el 14 de abril de 1759 dejándole a la humanidad la inconmensurable riqueza de su valioso legado musical.

 

 

En este Domingo de Resurrección, “La piedra filosofal” quiere compartir con ustedes este precioso coro de la obra de Händel, el “¡Aleluya!”. La interpretación en esta oportunidad es de la Coral José Roca, de San José, Costa Rica, bajo la dirección del maestro Miguel Pons García. Participan la Coral Infantil J. B. Cornes y el Coro Mixto, que cuentan con la dirección de la maestra Cristina Contreras Zamorano, y la Orquesta Sinfónica del Conservatorio Municipal José Iturbi, de Valencia, que está bajo la dirección del maestro Vicente Chuliá Ramiro.

¡Bienvenidos!

 

 

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